Roma

Prepara la escapada
A la capital italiana no te cansas de volver. Roma fue uno de mis primeros viajes fuera de España, aquella vez no defraudó y esta vez tampoco. Salimos desde el aeropuerto de Madrid, ya que desde nuestra ciudad, lamentablemente no hay muchas conexiones aéreas y menos con Italia.
Día 1: Valladolid → Madrid → Roma
Iniciamos pronto el viaje, de madrugada y en coche, hasta Barajas y desde allí hasta la capital italiana. Salida puntual y después de dos horas y media aterrizábamos en el aeropuerto de Ciampino.

Llegada a Roma.
– Para llegar desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad puedes optar por el bus, el taxi o el tren (la estación del tren está alejada del aeropuerto y tendrás que coger un bus que conecta el aeropuerto con la estación).
TAXI
En este viaje nos decidimos por el taxi. Os recomendamos que los taxis oficiales son los taxis blancos con el logotipo del Comune di Roma y el número de licencia visible, también os acansejamos que preguntéis la tarifa al entrar y si pone el taxímetro en marcha, no os va a cobrar la tarifa oficial. Roma tiene mucho tráfico y un poco caótico, de ahí que los precios por taxímetro sean muy elevados. El precio del trayecto en taxi desde el aeropuerto es tarifa fija, 31,00€.
BUS
Otra buena opción es el bus de Terravisión dispone de autobuses en los 2 aeropuertos de Roma. Podéis reservar en el banner.
Nada más llegar a Piazza Navona, con nuestro taxi, buscamos un sitio para desayunar y después nos fuimos hasta el apartamento, para establecer nuestra base de operaciones y comenzar a explorar ‘La Ciudad Eterna’.

Piazza Navona.
– La plaza se levantó donde antes estaba el Estadio de Domiciano, que abrió sus puertas en el 85 d.C. Ahí se hacían competencias de atletismo. Su forma alargada recuerda a la pista del estadio original, que tenía espacio para unas 30,000 personas.
En el siglo XVII, el Papa Inocencio X decidió darle un cambio de imagen y convertirla en una plaza barroca, con fuentes grandísimas y la iglesia de Santa Inés en Agona.

–En la Plaza te vas a encontrar:
La Fontana dei Quattro Fiumi (Fuente de los Cuatro Ríos): Una joya de Bernini que muestra los ríos Nilo, Danubio, Ganges y Río de la Plata. En el centro verás un obelisco egipcio.
La Fontana del Moro y la Fontana di Nettuno: Son las otras dos fuentes de la plaza, cada una con esculturas increíbles.
El Palazzo Pamphilj: Antes era la casa del Papa, ahora es la embajada de Brasil.


–Es una plaza súper viva, llena de terrazas y cafés. Es perfecta para sentarse a tomar algo y disfrutar del arte, el ambiente romano y los espectaculos callejeros. Siempre hay músicos, magos y artistas que le dan mucha onda a la plaza a cualquier hora.

Macchè
En este primer día también hay tiempo para acercarnos a Ma Che Siete Venuti a Fà o simplemente Macchè que es uno de los bares más icónicos de Roma para los amantes de la cerveza artesanal, está ubicado en el corazón de Trastevere, uno de los barrios más animados y pintorescos de Roma.
En este viaje tenemos pensado visitar unas cervecerías, así que esta es la primera.
Día 2: El Vaticano
Comenzamos a patear la ciudad para ver las ruinas y los numerosos edificios de la época del imperio romano que todavía siguen en pie. Mires por donde mires, Roma rebosa historia, arquitectura, cultura y religiosidad. No hay que olvidar que el Vaticano se encuentra allí.

Basílica de San Pedro
– El día comenzó pronto teníamos que ir por la mañana al Vaticano, ver La Basílica de San Pedro y Los Museos Vaticanos. El Vaticano, recordemos, es un estado dentro de la propia ciudad y es el estado más pequeño del mundo.
La Basílica de San Pedro es la iglesia más grande del mundo cristiano y está justo en la Ciudad del Vaticano. Se cree que ahí está enterrado San Pedro, que fue uno de los apóstoles de Jesús y el primer Papa. Además, es una de las cuatro basílicas mayores más importantes y un lugar clave para los cristianos que hacen peregrinaciones.

La construcción arrancó en 1506 por orden del Papa Julio II y la terminaron en 1626.
Los genios detrás de esto fueron Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Bernini.
El estilo de la Basílica es una mezcla entre el Renacimiento y el Barroco, con una cúpula que se ve desde todo Roma.
Dentro de la Basílica puedes visitar:
La Necrópolis: Abajo de la basílica, hay tumbas muy antiguas de los primeros cristianos.

La Cúpula: Sube para que veas las vistas increíbles de Roma.
La Piedad de Miguel Ángel: Una de las esculturas más bonitas del arte cristiano, te tocará el corazón.
El Baldaquino de Bernini: Un altar impresionante justo debajo de la cúpula.
Las Grutas Vaticanas: Aquí están enterrados muchos Papas, incluyendo a San Pedro.

Museos Vaticanos.
– Después de la Basílica, nos acercamos a Los Museos Vaticanos, que los domingos cierran, menos el último domingo de mes y la entrada es gratuita. Nosotros compramos las entradas por internet, por si había mucha cola, pero en los días que fuimos no había mucha.
En los Museos Vaticanos vas a tomar muchísimas fotos, porque tienen una colección enorme, ¡casi 700 mil piezas y obras de arte! Están por todos lados, en los edificios y jardines del museo.
Es un conjunto de galerías, salas y colecciones que pertenecen a la Iglesia Católica, ubicados en la Ciudad del Vaticano.
Fundados en 1506 por el Papa Julio II, han sido ampliados por sucesivos papas.
Albergan algunas de las obras maestras más importantes del arte occidental, desde la antigüedad hasta el Renacimiento



Casi al final de la visita está la Capilla Sixtina, pero ojo, ¡nada de fotos ni videos ahí! La capilla te deja boquiabierto con todos los frescos que cubren las paredes. Miguel Ángel se encargó de pintar de nuevo todo el techo. La imagen más famosa es la de La Creación de Adán.




Escalera de Bramante.
Para terminar el recorrido, te encuentras con la famosa escalera helicoidal de Giuseppe Momo es la que todos los visitantes ven al entrar o salir de los Museos Vaticanos. Esta inspirada en la original de Bramante, tiene una estructura de doble hélice, hecha en bronce y piedra.
Giuseppe Momo la diseñó en 1932, así que es bastante nueva.
La original está en el Museo Pio Clementino, pero no se puede visitar.

Paseo por Roma
Terminamos de ver el Vaticano y ¡a comer! Nos vamos a una pizzería que nos recomendó Pietro, el dueño de la casa donde nos quedamos en Roma. Se llama Pizzeria La Montecarlo y está buenísima su pizza y el risotto.
Para bajar la comida, fuimos a caminar por las calles hasta que empezó a oscurecer. Para cerrar el día, fuimos a otra cervecería que teníamos ganas de conocer: Open Baladin.


Las calles de Roma son como ríos de historia, cada piedra cuenta algo. No son solo para pasar, sino para quedarse, perderse, conocer gente, entrar a patios escondidos y disfrutar de los sonidos, olores y colores que cambian en cada esquina.




Día 3: Roma
Amanece un poco lluvioso en Roma, pero no nos detiene ya que tenemos que ver muchas cosas todavía.

Vittorio Emanuele II
Es un gigantesco edificio neoclásico situado en la Piazza Venezia. Fue construido en honor al primer rey de la Italia unificada, Vittorio Emanuele II, y se inauguró en 1911, aunque su construcción se prolongó hasta 1927.
El materia es Mármol blanco de Botticino, tan brillante que en días soleados puede deslumbrar.
Tiene varias estatuas como, relieves de ciudades italianas y Tumba del Soldado Desconocido: Con una llama eterna, rinde homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial
Aunque es símbolo nacional, ha sido criticado por su tamaño desproporcionado y por haber destruido parte de la Colina Capitolina y un barrio medieval.
Los romanos le han apodado como:
- “La máquina de escribir”
- “La tarta nupcial”
- “Los dientes”
Puedes subir a su terraza panorámica en ascensor y disfrutar de una de las mejores vistas de Roma.

El Coliseo
Es uno de los monumentos más icónicos, no solo de Roma, sino del mundo entero. En 1980 fue declarado Patrimonio de la Humanidad y en el 2007 declarado como una de Las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.
El Coliseo, antes llamado Anfiteatro Flavio, se construyó entre el 70 y el 80 d.C. por orden de los emperadores Vespasiano y Tito.
El Coliseo era el corazón del entretenimiento en Roma. Ahí se hacían luchas de gladiadores, cacerías de animales salvajes, batallas navales falsas, obras de teatro sobre mitos y hasta ejecuciones delante de todo el mundo.
Se hacía todo esto como parte de un plan para que la gente no se aburriera y estuviera contenta.

El Arco de Constantino
– Es un arco romano levantado en el año 315 d.C. para recordar cómo el emperador Constantino I venció a Majencio en la Batalla del Puente Milvio (312 d.C.).
Está justo al lado del Coliseo, entre el Palatino y el Celio, en la antigua Vía Triumphalis, que era por donde desfilaban los generales cuando ganaban una batalla.
Tiene relieves y esculturas que festejan el triunfo de Constantino, pero también usa partes de monumentos más antiguos, como los de Trajano, Adriano y Marco Aurelio.
Este monumento no solo festeja un triunfo militar, sino también un cambio de época: el paso del paganismo al cristianismo, y el comienzo de una Roma diferente.

Foro Romano
– Después de hacernos 200 millones fotos en El Coliseo, nos vamos al Foro Romano que es como el corazón de la antigua Roma, donde pasaba de todo en el Imperio, política, religión, juicios y comercio.
Aquí hacían desfiles cuando ganaban batallas, tenían juicios, votaciones, discursos de políticos y hasta peleas de gladiadores.
También era un lugar de encuentro para vendedores, gente contando chismes, rituales raros y hasta lugares para prostitutas estaban junto a las cosas serias del gobierno.
El Foro Romano no es solo piedras viejas, era donde se tomaban las decisiones importantes, el centro de una cultura que cambió al mundo.

Palatino
– Seguimos andando y subiendo hasta llegar al Palatino, que es una de la Siete Colinas de Roma.
Cuenta la historia que Rómulo fundó Roma aquí mismo, en el 753 antes de Cristo, después de cargarse a su hermano Remo.
También se dice que en esta colina vivía la loba Luperca, la que amamantó a Rómulo y Remo cuando eran bebés.
Desde el Palatino tienes unas vistas increíbles del Foro Romano y del Circo Máximo.
Allá por el siglo XVI hicieron los Jardines Farnesianos, que dicen que fueron los primeros jardines botánicos del mundo.

Circo Massimo
– Salimos del Palatino y nos dirigimos por Via dei Cerchi hasta el Circo Massimo, que era el estadio más grande de la Antigua Roma, donde sobre todo se corrían carreras de carros tirados por cuatro caballos.
Pero no solo había carreras. También organizaban cacerías, peleas de gladiadores y hasta simulacros de batallas.
Las carreras daban vueltas alrededor de la spina, una especie de muro en el medio adornado con estatuas y obeliscos.
Para los romanos, este era su lugar preferido: pura emoción, competencia y espectáculo.
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Parada técnica
– Antes de ir a ver el Moisés de Miguel Ángel, paramos en otra cervecería, que estaba en nuestra agenda, el BrewDog, (hoy en día creo que está cerrado) muy cerca del Coliseo y de la Basílica de San Pietro in Vincoli, que es donde se encuentra El Moisés.

El Moisés
– El Moisés de Miguel Ángel es una de las esculturas más impactantes y misteriosas del Renacimiento. Está en la iglesia de San Pietro in Vincoli, en el barrio del Esquilino, en Roma.
Es una escultura enorme de mármol blanco que Miguel Ángel Buonarroti hizo entre 1513 y 1515. Es parte del mausoleo del Papa Julio II, que está en la misma iglesia.
Si te gusta el arte, tienes que verla: la emoción que transmite es increíble.
Día 4: Roma → Madrid → Valladolid

Regresamos
Roma, siempre viva y llena de vida, nos ha dado historia en cada esquina, arte por todos lados y sabores que no olvidaremos. Desde lo imponente de San Pedro hasta las calles pequeñas de Trastevere, cada paso fue como estar en una postal.
Pero este paseo no acaba aquí… Nos vamos de Roma con el corazón contento y las maletas llenas de recuerdos.
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¡Arrivederci, Roma… y nos vemos en otro lugar!

